¿Cómo sabe Teo el camino? Nivel 79
Palabras de Práctica
Oraciones simples, compuestas, principales y secundarias: una cláusula vs varias; principal y subordinada.
Teo toma su bastón blanco y sale por la puerta de su casa. Camina como si toda la cuadra fuera suya. Hoy es la fiesta de cumpleaños de Ava. Habrá pastel y también habrá juegos. Y Teo sabe muy bien cómo llegar. Detrás de la cerca, el Gato lo mira con ojos grandes y curiosos. Teo no necesita ver al Gato para saber que está ahí. Siempre lo sabe.
—¡Espera! ¡Espera, espera! —Pili llega corriendo detrás de él, con los brazos extendidos—. Teo, ¿quieres que te ayude a llegar? ¿Seguro que estás bien? Teo sigue caminando y sonríe con su sonrisa más paciente. —Pili, yo camino a la escuela todos los días. Camino al parque. Camino a la tienda y de vuelta. Encontrar la fiesta de Ava es fácil para mí.
En la esquina, Teo se detiene. Levanta el mentón y respira profundo por la nariz. Luego sonríe de oreja a oreja. —Por aquí. —Y dobla a la derecha.
—¿No hueles eso? —pregunta Teo, tranquilo. Pili olfatea el aire y abre mucho los ojos. —¡Pescado! —Es la pescadería del señor Patel —dice Teo, orgulloso—. Queda tres calles antes de la casa de Ava. Cuando huelo pescado, doblo a la derecha. Funciona siempre. Pili olfatea otra vez y sonríe. —¡De verdad huele a pescado! —Pili —dice Teo—, huele muchísimo a pescado.
A mitad de la otra calle, Teo se detiene frente a un muro alto de piedra. Extiende la mano y pasa los dedos despacio por la superficie áspera. El Gato está sentado arriba del muro y lo mira desde lo alto. —¿Y ahora qué haces? —pregunta Pili. —Saludo a un viejo amigo. —Teo sonríe—. Toco este muro desde muy pequeño. Conozco cada bulto y cada grieta. No hay otro muro como este en todo el pueblo. Y me dice que doble a la izquierda.
—¡Cuidado, Teo! —Pili corre hacia adelante y señala el charco enorme que cruza todo el sendero—. ¡Te vas a mojar! ¡Te vas a empapar! ¡Te vas a…! Teo lo rodea con toda calma. Ni una gota toca sus pies. —¿Qué decías? —pregunta, todavía sonriendo.
—Pero… ¿cómo? —pregunta Pili. Teo da unos golpecitos en el suelo con su bastón. Toc. Toc, toc. —Me lo dice mi palo. Cuando llueve, quedan charcos, y cuando el palo toca el agua, el sonido cambia. La sensación cambia. Así sé dónde empieza el charco y dónde termina.
¡Guau! ¡Guau, guau! Un perro grande y café mete la cabeza por un portón y ladra tan fuerte que el gato salta hasta lo alto de un poste. —¡Cuidado, Teo! —grita Pili, y lo agarra del brazo. Pero Teo solo se ríe. —Yo conozco a ese perro. Le ladra a todo el mundo. —Y dobla a la izquierda, tranquilo como si nada.
A Pili se le iluminan los ojos. —¡Ah! ¡Esta vez déjame adivinar a mí! —Da saltitos en la acera—. ¡Puedes escuchar al perro, y sabes dónde vive, y por eso sabes dónde doblar! —Ahora sí lo estás entendiendo —dice Teo.
—Olores, texturas, sonidos y mi palo —dice Teo—. Son cuatro guías, y nunca descansan. Entonces se detiene. Toma una olfateada larga y lenta. —Ah, sí —susurra—. Pastel de chocolate. Ya estamos cerca.
—¡Ya llegamos! —grita Pili, saltando de alegría. Los globos se mueven con el aire. Las serpentinas ondean en cada ventana. La música y las risas salen por la puerta. Teo da un paso al frente con un regalo bien envuelto en las manos. —Te dije que conocía el camino.
Adentro, la mesa está llena de pastel, fruta y mucha comida. Teo y Pili se sientan con sus amigos, con gorritos de fiesta y la boca llena. —Teo —dice Pili—, me alegra mucho que conozcas el camino. Luego se queda pensando. —¿Y cómo volvemos a casa? Teo sonríe de oreja a oreja. —Fácil. Solo sigo el olor a pescado.