¿Ese pato vuela? Nivel 69
Palabras de Práctica
Prefijos: re-, des-, in-/im-, pre- — uso de prefijos para modificar verbos y adjetivos.
Agüita levanta a Pato con orgullo. —Esta es Pato —dice—. ¡Es la más veloz del pueblo! Pato abre las alas y saca el pecho. Tres amigos miran: la niña alta se inclina hacia adelante, el niño entorna los ojos y la niña del vestido amarillo ladea la cabeza. —¿Esa? —dice el niño—. No parece nada veloz. Es imposible que gane una carrera.
—Miren esto —dice Agüita. Pato aletea. Pato patalea. Se menea, se tambalea y levanta una pata del suelo. Después la otra. Y queda colgada en el aire, como un globo peludo que alguien suelta. A la niña del vestido amarillo se le abre la boca. El niño la señala. Hasta la niña alta se muerde el labio. —¿Ven? —dice Agüita—. Está volando. —Eso no es volar —dice el niño—. Eso es caerse. Despacito.
Pero Agüita no le hace caso. Cada mañana, ella y Pato entrenan juntas por las colinas. Agüita corre a toda velocidad. Pato corre más fuerte todavía, con las alas abiertas, el pico abierto, graznando con todo el cuerpo. Corren cuesta arriba. Corren cuesta abajo. Corren sin descansar, hasta que a Agüita le arden las piernas y las patas de Pato son una mancha borrosa. —¡Más rápido! —jadea Agüita—. La Gran Carrera de la Bandada es el sábado.
Llega el sábado. Agüita le acaricia el cuello a Pato con suavidad, como hace siempre antes de algo importante. Pato cierra los ojos y se queda muy quieta. —Tú puedes —susurra Agüita—. Eres más veloz de lo que pareces. Muchísimo más veloz de lo que pareces. Detrás de ellas, el niño agita los brazos, impaciente. —¡Oigan todos! ¡Agüita cree que su pato tambaleante le va a ganar a la bandada entera! La niña alta y la niña del vestido amarillo se ríen bajito.
Suena el cuerno de salida. Una bandada de patos veloces y elegantes sale disparada hacia el cielo, como un montón de flechas. Y justo detrás, batiendo las alas, con el pico hacia adelante, Pato se lanza tras la bandada. —¡Vamos, Pato, vamos! —grita Agüita con los brazos bien abiertos. Los otros niños también gritan. Porque algo extraño pasa. Algo que nadie puede predecir. Pato va cada vez más rápido.
Pato no solo alcanza a la bandada. ¡Pato la pasa! Un pato. Dos patos. Cinco. Diez. Los rebasa a todos como si estuvieran quietos. —No… puede… ser —dice el niño con la boca abierta—. ¡Es imposible! Agüita lanza el puño al aire y señala el cielo. —¡Esa es mi Pato! Ahora toda la multitud está de pie, aplaudiendo y gritando, porque el pato más tambaleante del pueblo vuela como un cohete.
Pato cruza la meta tan adelantada que los demás pájaros casi desaparecen allá atrás. Agüita salta tan alto que casi vuela ella también. La multitud festeja. Ondean banderines. Suena un megáfono. Niños que Agüita no conoce corean: —¡Pato! ¡Pato! ¡Pato! El niño se queda parado, parpadeando. —Pero… si casi no despega del suelo —susurra.
Agüita levanta a Pato y le da el abrazo más grande de su vida. La niña alta llega corriendo, riéndose, y estira la mano para acariciar a la campeona. La niña del vestido amarillo festeja con la mano en alto. El niño levanta el puño y sonríe con la sonrisa más grande de todas. —Está bien —dice—. Está bien. Pato sí es veloz. Agüita abraza a Pato bien fuerte y le susurra: —Te lo dije. Pato eructa.