Esta casa es mía Nivel 78
Palabras de Práctica
Palabras agudas, graves y esdrújulas (consolidación): clasificación completa y reglas de tilde.
Soy Helio, un gato. Esta es mi casa. Aquí también viven personas: tres niños y una mamá. En este momento, una de mis niñas está en la alfombra y me dibuja en un papel. Los bigotes no le quedan del todo bien, pero no me quejo. Hay personas que creen que esta es la casa de ellos y que yo soy su mascota. Están equivocadas.
Mucha gente cree que la mejor manera de estar limpio es meterse en una tina llena de agua. Están equivocados. Yo me lamo las patas y quedo impecable. Sin jabón, sin cepillo, sin desorden. Afuera, en el patio, uno de mis niños intenta meter en la tina a un perro lleno de lodo. El perro se retuerce y salpica agua por todas partes. No es nada fácil bañar a un perro. Yo jamás hago semejante desorden.
El mejor lugar para tomar una siesta es el regazo de una de mis mascotas. Me hago una bolita, volteo la panza para arriba y dejo que los tres niños me acaricien. Ellos creen que son amables conmigo. En realidad, yo los entreno muy bien. No es difícil: un ronroneo y listo. Me gusta vivir en esta casa.
A veces los niños hacen mucho ruido, y a veces rompen cosas por toda la casa. Pero cada mañana, mamá envuelve los almuerzos, reparte las mochilas y se despide con la mano en la reja. Entonces la casa es mía. Me estiro en la repisa que está encima del porche, los veo marcharse y planeo mi día. Quizás hoy pase algo grande.
Algunas personas creen que los ratones son demasiado rápidos para atraparlos. Están equivocadas. Veo a un ratón travieso que cruza la cocina con migas en la boca. Me agacho bien bajito detrás de la pared, con los ojos muy abiertos y sin un solo bigote fuera de lugar. Yo soy más rápido y más ágil. A mí ningún ratón se me escapa.
A menudo salgo a jugar a mi patio. Salto y trepo por todo, porque todo es mío. Hoy doy un brinco hasta el muro bajito y clavo las garras en el borde. Hay escarabajos escondidos bajo las hojas, y más de un pájaro salta por las ramas del árbol. Aquí afuera nunca hay un momento aburrido.
A mamá no le gusta que yo traiga cosas a la casa. Hoy entro con un caracol y lo dejo en el suelo, junto a la ventana. Ella levanta las manos del susto, con la cara toda arrugada del asco. Uno de los niños se asoma detrás de ella y trata de no reírse. Mamá cree que los bichos son sucios y asquerosos. Está equivocada. Esta es mi casa, y puedo traer lo que yo quiera.
En la casa de al lado vive un niño muy malcriado. Es grosero y apestoso, y cada vez que me ve hace una mueca y saca la lengua. Yo gruño y le enseño los dientes. Él cree que puede burlarse de mí porque es más grande que yo. Está equivocado. Algún día, quizás un sábado, le voy a demostrar quién manda aquí.
Algún día voy a crecer hasta ser tan grande como un tigre, con garras enormes y afiladas, y colmillos aún más grandes y filosos. Entonces voy a marchar a la casa de al lado y voy a destrozar la casa de ese niño. Ya me lo imagino. ¡Nunca más nadie va a escribir «Prohibido el paso» en mi cerca!
Hay otros gatos que creen que vivir afuera es mejor. Puedo ver a tres de ellos justo ahora, sentados en el alféizar de la ventana, espiando a través del vidrio. Están equivocados. Yo estoy acurrucado y calientito a los pies de la cama de mi niño. Escucho su respiración suave en la oscuridad, como una canción de cuna. Amo mi casa, y amo a mis niños mascota. Nada puede cambiar eso jamás.