¿Qué hay entre las hojas? Nivel 51
Palabras de Práctica
Repaso: h (muda), g y j — correspondencias de h, g y j vistas anteriormente.
Sení vive bajo la tierra, en una cueva oscura. Pero hoy es su cumpleaños y tiene un deseo: quiere hallar un amigo. Sale a gatas hacia la luz del sol. ¡Todo es tan luminoso! ¡Tan verde! —¡Este va a ser el mejor día! —dice Sení.
Cerca del bosque juegan unos niños: Dani, Dalia y un amigo. Dani ve algo a lo lejos. ¡Algo enorme! Todos se agachan detrás del seto y miran entre las hojas. —¿Qué es eso? Se acerca más. ¡Y más!
Sení entra al pueblo con una sonrisa enorme. Junto a una casa ve una bici amarilla. ¡No conoce las bicis! Quiere ver girar las ruedas. —¡Uy, qué linda! —dice Sení. Saluda a la calle vacía. —¿Hola? ¿Hay alguien? ¡Soy muy amistoso!
Detrás del seto, a Dani le tiemblan las rodillas. —¿Es un monstruo? —dice Dalia. —¡Mi bici! —dice Dani. Sení solo quiere jugar. Pero sus dedos son enormes, del tamaño de bananas. La rueda se arruga como papel. —¡Corran! —dice Dani.
Dani agarra la bici y corre a la casa. Los niños corren con él. —¡Esperen! —dice Sení—. ¡No se vayan! Pero la voz de un gigante es enorme. Hace vibrar las ventanas y sacude el techo. Los niños corren más rápido. Sení se queda solo en el patio. Él solo quiere jugar.
Sení se mira las manos enormes. —Todo lo que hago sale mal —dice con una voz pequeña, pequeña como un ratón. Y llora. Caen gotas enormes, del tamaño de manzanas. Chocan contra el suelo como lluvia.
Adentro de la casa, los niños ya no juegan. Algo tamborilea en el techo y salpica las ventanas. —¿Es lluvia? —dice Dalia. Dani se asoma a la puerta. Caen gotas enormes, pero el cielo está azul.
Dani sale despacio y se sienta junto a la casa. Hace girar la rueda rota en sus manos y piensa. A lo lejos, al borde del bosque, ve algo enorme en el pasto. —No es un monstruo —dice Dani—. Es solo un niño enorme. Quiere jugar con nosotros. Y le tenemos miedo.
Dani se acerca. Sení llora con la cara entre sus manos enormes. Cada sollozo sacude los árboles, y las hojas giran por el aire. —Está muy apenado —dice Dani. Sus piernas quieren correr. Pero él respira y decide: —Voy a hablar con él.
—¡Oye! —dice Dani—. ¡Yo soy Dani! ¿Cómo te llamas? Sení levanta la cabeza. Tiene los ojos rojos y la nariz mojada. —Sení —contesta—. Perdón por tu bici. Todo lo que hago, lo rompo. Soy demasiado enorme.
—¿Quieres jugar con nosotros? —dice Dani. Sení abre la boca. ¡Esto es justo lo que desea! Una sonrisa enorme le llena la cara. Salta de gozo por dentro, pero no quiere aplastar a su nuevo amigo. —Sí quiero —contesta, suave, muy suave.
Juegan toda la tarde. Al anochecer, Sení carga a sus amigos hasta su cueva para un banquete. ¡Hay comida en cada repisa de roca! —¡Guau! —dice Dani desde el hombro de Sení—. ¡Cuánta comida! —Coman todo —dice Sení—. Pero no me dejen servir el jugo. ¡Siempre inundo la cueva! Todos ríen. Y hoy Sení no se siente demasiado enorme. Se siente del tamaño justo.