¿Quién salva la panadería? Nivel 55
Palabras de Práctica
Grupos consonánticos con r (continuación): pr, tr, tl.
Este es Tomás, el panadero de la aldea. Tomás hornea pan caliente y pasteles de calabaza. ¡Le gusta mucho su trabajo! Los vecinos vienen de lejos solo por el olor. Tomás sonríe en la puerta de su panadería. Lo tiene todo.
Lila, la amiga de Tomás, saca hierro. El Mago usa el hierro y construye gólems. Los gólems protegen la aldea de los reptones toda la noche. Pero una mañana, Tomás, Lila y el Mago encuentran los gólems rotos en el suelo. —¡Oh, no! —dice Lila.
El Mago construye gólems nuevos. Pero Tomás mira la oscuridad y se preocupa. Habla con el Dr. Sí Puede, un vecino de la aldea. —Tenemos antorchas por todos lados. ¿Cómo entran los reptones? —pregunta Tomás. —Entran por los lugares oscuros, lejos de las antorchas —responde el Dr. Sí Puede—. Tranquilo. Los gólems nos protegen.
Esa noche, Tomás está en su cama y mira el techo. Los reptones no hacen ruido. Caminan sin prisa por la sombra. Se acercan y se acercan. Y de pronto... ¡bum! Tomás se tapa con la cobija. —Mi panadería no —susurra—. ¡Mi panadería no!
¡Buuum! Una explosión sacude la aldea. Tomás salta de la cama y corre con prisa por el camino. ¡Su panadería arde! El fuego ilumina el cielo de la noche. El Dr. Sí Puede llega, pero Tomás ya grita. —¡Se acabó! ¡Me llevo mis pasteles a un lugar más seguro!
Lila pone la mano en el hombro de Tomás. —No te vayas. Te necesitamos. Bueno... ¡también necesitamos tus pasteles! El Dr. Sí Puede mira la ceniza y piensa.
Al día siguiente, todos trabajan. Cada aldeano trae piedras. El Dr. Sí Puede dibuja los planos. El Mago usa magia y levanta los bloques más pesados. El muro crece y crece. Rodea la aldea entera con piedra gruesa y fuerte. —¡Ningún reptón pasa a través de este muro! —dice el Mago.
La panadería nueva es todavía mejor. Hornos más grandes. Y Lila planta flores de colores en la entrada. —La gente viene en tropel de todo el territorio —dice Lila. Tomás saca un pastel dorado del horno y sonríe de oreja a oreja. —¡Pero si aparece un reptón, le echo la culpa al Dr. Sí Puede! —dice Tomás.