¿Quién se llevó mi calabaza? Nivel 50
Palabras de Práctica
Repaso de /s/ — s, c (ce/ci), z: consolidación de las tres grafías para el sonido /s/.
Zomi ama su huerto de calabazas. Cada mañana avanza entre las calabazas, las riega y hasta les canta. —Van a ser enormes —dice Zomi con una sonrisa.
¡Y sí! Las calabazas se hacen enormes. Llenan toda la zona del huerto. Zomi llama a su amigo Joaquín. —¡Ven a ver! ¡Con estas calabazas voy a hornear pasteles muy ricos!
Amanece. Zomi entra al huerto y se queda quieto. ¡Falta una calabaza! Solo queda suelo pelado y un tallo cortado. —¿Quién se roba mi calabaza? —dice Zomi—. ¿Será un zorro?
Joaquín llega con Huesos, su perro. —¡Es hora de la caza! —dice Joaquín—. Huesos olfatea muy bien. Huesos husmea el suelo. Rodea una roca. Estornuda. Nada. Ni una huella, ni una pista.
Al otro día faltan dos calabazas más. Zomi busca sin cesar, pero no halla ni un rastro. —¡Nueve calabazas y ahora solo seis! —dice Zomi con voz bajita—. Nadie le roba a Zomi. Nadie.
Esa noche, Zomi y Joaquín conversan bajo un farol. —Tengo una idea —dice Zomi—. Me escondo en el huerto y monto guardia toda la noche. ¡Es hora de la acción! ¡Esta noche atrapo al ladrón!
Zomi espera en el huerto. Pasa una hora. Nada. Pasan dos horas. Nada. Las calabazas son tan suaves, y la noche está tan tibia… Zomi cabecea. Zomi ronca.
Zomi despierta con el sol y mira el suelo. ¡Solo queda una calabaza! —¿Cómo? —chilla Zomi—. ¿Les salen patas y se van de paseo? Zomi lo dice y ríe. Pero está muy cerca de la verdad.
Ahora Zomi y Joaquín cuidan la última calabaza sin cesar, de día y de noche. —Con sus semillas siembro un huerto nuevo —dice Zomi—. Esta calabaza lo es todo. La calabaza se queda quieta en la tierra. Por ahora.
A medianoche, la calabaza tiembla. ¡Gira y gira! El suelo se agrieta. Huesos ladra y ladra. —¿Ves eso? —chilla Zomi—. ¡Haz algo! —Lo veo —dice Joaquín—. Y no lo creo.
¡Pum! La calabaza salta del suelo. ¡Tiene piernas! ¡Su cara reluce con una sonrisa tallada! —¡Hola! Me llamo Esquel —dice la calabaza—. Las otras despiertan antes y se van de paseo. ¡Las calabazas no escuchan nada!
Esquel se queda a vivir en la casa. Su luz cálida ilumina cada rincón. —Este año no hay pastel —dice Zomi—. Pero un amigo nuevo es mejor que un pastel. Y por la noche, si escuchas bien, se oyen pasos afuera. Muchos pasos. Y las calabazas ríen por lo bajo.