¡Tengo el mejor chiste! Nivel 84
El Dr. Sí Puede tiene un problema. Un problema grande, terrible y muy serio. Tiene el mejor chiste de Navidad del mundo entero, y nadie lo ha escuchado todavía. —Este año —dice, parado afuera bajo el sol ardiente del verano— voy a contar mi chiste en la cena de Navidad. Todos se van a reír tanto que se les van a caer los gorros de papel.
Pero primero, la playa. Su hija Lila ya está a la orilla del agua, quitándose las botas. Mina, la perra de la familia, ya nada entre las olas, con su cabecita blanca subiendo y bajando en el agua. El Dr. Sí Puede no puede resistirse. —¡Lila! ¿Por qué el mar siempre te saluda? —¡Porque está lleno de olas! —responde Lila sin mirar. —Pero ¿cómo...? —balbucea el Dr. Sí Puede. ¡Ese es su chiste! ¡Le roba el remate de la boca!
En la plaza del pueblo, un enorme árbol de Navidad brilla con luces de colores. Alrededor hay regalos gigantes apilados por todos lados. El Mago, un amigo de la familia, está junto a Lila con su libro y su bastón, con cara de estar muy satisfecho consigo mismo. El Dr. Sí Puede lo intenta de nuevo. —¿Qué desayunan los muñecos de nieve? El Mago no levanta los ojos de su libro. —Nieve con azúcar. —¡Ese es mi chiste! —exclama el Dr. Sí Puede. Lila se ríe. El Mago se encoge de hombros, y eso es muy molesto cuando alguien lo hace con una túnica con capucha.
El Mago encuentra un regalo azul justo a sus pies. Lo mira con una sonrisa enorme, como si se hubiera ganado la lotería. —¿Ven? —dice—. Portarse bien tiene su recompensa. —¡Te robaste mi chiste hace cinco minutos! —dice el Dr. Sí Puede. —Sí, pero con estilo —dice El Mago, y su risa retumba por toda la plaza. El Dr. Sí Puede cruza los brazos. No importa. Todavía guarda su mejor chiste para la cena. Y ese chiste no se lo va a robar nadie.
La cena de Navidad. Gorros de papel puestos. Velas encendidas. El Dr. Sí Puede jala una sorpresa de Navidad, desdobla el papelito con el chiste y se aclara la garganta como si fuera a dar un discurso importantísimo. —¿Por qué el esqueleto no fue a la fiesta? —Hace una pausa. Mira alrededor de la mesa. Abre la boca para soltar el mejor remate de toda su carrera. —¡Porque no tenía cuerpo para ir! —grita Lila, y toda la mesa estalla en carcajadas. Al Mago le da un ataque de risa tan fuerte que el gorro le sale volando. Hasta Mina ladra. El Dr. Sí Puede se queda mirando el papelito en sus manos. Lila lo hace otra vez. Le roba el remate otra vez.
Lila está acostada en su cama, con la panza llena de jamón de Navidad, sonriendo en la luz cálida del cuarto. Piensa en los chistes de las sorpresas. Piensa en la cara de su papá cada vez que ella le gana el remate. Piensa en cómo su enojo de mentiras es más gracioso que cualquier chiste del mundo. Entonces susurra en la oscuridad: —Oye, papi... Toc, toc. Silencio. Se queda dormida antes de que su papá pueda contestar. En el cuarto de al lado, el Dr. Sí Puede sonríe. —¿Quién es? —susurra. Pero el único sonido es Mina, que ronca en el piso.