¿Una niña de aire? Nivel 61
Palabras de Práctica
Palabras graves/llanas: acento en la penúltima sílaba; llevan tilde si no terminan en n, s o vocal.
Papá cuenta las mejores historias del mundo. Mejores que un libro. Mejores que la tele. Cada noche se sienta en mi cama con su taza roja de chocolate caliente. —Cuéntame un cuento, Papá —le digo. Y cada noche, él me cuenta uno.
Esta noche, Papá se acerca. Su aliento huele a chocolate. —Esta noche —susurra— te cuento de una niña hecha de aire. —¿Una niña de aire? —digo—. Eso es difícil de creer. Es un cuento inventado.
—La niña se llama Yuliana —dice Papá—. Está hecha de aire. Yuliana se puede sentar en un gran sillón rojo y nadie la ve. ¿La única pista? Un pequeño hundimiento en el cojín. Verla no es fácil. ¡Es casi imposible!
Cuando llueve, casi puedes ver a Yuliana. Las gotas se curvan y rebotan sobre su forma frágil. Pero la gente pasa con sus paraguas. Nadie nota a una niña hecha solo de aire.
La nieve es mejor. Los copos le caen sobre la cabeza y los hombros, y se quedan ahí. ¡Parece una niña de nieve! Unos niños se detienen y señalan. —¿Ves eso? —susurran.
Una mañana, Yuliana hace algo valiente. Entra a una escuela, se sienta en un pupitre y toma un crayón verde. El niño de al lado grita muy fuerte. La maestra deja caer su café. Porque desde la silla del niño, ¡el crayón dibuja solo!
—No te asustes —dice una voz desde la silla—. Solo quiero dibujar. El niño mira. Luego susurra: —¿Puedo pintarte la cara? ¿Para poder verte? Yuliana se queda quieta. El niño moja su pincel en pintura amarilla y le pinta dos ojos y una sonrisa.
—¡Más! —dice Yuliana—. ¡Lléname el pelo de cosas que amo! El niño pinta un corazón. Una estrella. Un gato gordo y alegre. Notas de música y cerezas. ¡Su pelo parece un álbum de cosas felices! —¿Cómo me veo? —pregunta Yuliana. —Como una canción —responde el niño.
Yuliana se pinta todas las mañanas. Corazones en los brazos. Estrellas en los dedos. Deja huellas de colores por el camino. Ya no se esconde. ¡Ahora es fácil seguir su rastro!
Yuliana está sobre una colina, llena de colores y de todo lo que ama. Y sucede algo maravilloso: por fin la gente puede verla. No es por la pintura. Es porque está tan llena de quien es de verdad, que es imposible no verla. ¡Brilla como un ángel!
Papá se queda en silencio y bebe el último sorbo de chocolate. La casa está quieta. —¿Y bien? —pregunta—. ¿Cuento inventado? ¿O verdad? Pienso y pienso. ¿Una niña de aire? Eso es imposible. —Inventado —respondo. Papá sonríe y me besa la frente.
Papá apaga la lámpara. Sale y cierra la puerta. Entonces, muy despacio, la puerta se abre con un crujido. La luz del pasillo entra al cuarto. Pero no hay nadie. Me subo la cobija hasta la barbilla. No abras esa puerta. No abras esa puerta. ¡No abras esa puerta!